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Puede que se acerque el día de tu reunión con un cliente importante, que lleves haciéndolo poco tiempo o que lleves haciéndolo toda la vida pero nunca te hayas parado a pensar qué hacer para causar una buena impresión, pero lo cierto es que hay toda una ciencia detrás de esto.

En este post, que leerás aproximadamente en 8 minutos, te contamos algunas de las claves a tener en cuenta si quieres optimizar todas las posibilidades para quedar como un rey.

¿Cómo actúa nuestro cerebro ante una primera impresión?

Se sabe que una persona se toma una primera impresión sobre otra en los primerísimos minutos. ¿Y cómo lo hace?

Rebanando fino o Thin Slicing.

Cuando nos encontramos con una persona por primera vez recogemos cierto tipo de datos sobre ella. El resto, los solemos “rellenar” con experiencias previas acerca de personas o situaciones parecidas.

Aunque suene injusto, lo cierto es que la ciencia ha demostrado que no solemos equivocarnos demasiado.

Mejor ante personas predecibles.

Hay determinadas personas a las que les dicen: “Lo único que tienes que hacer, es ser tú mismo”. A otras, no se lo dicen…Y esto es porque hay personas raritas, que no sabes por dónde te van a salir: Es hora de que lo asumamos ya.

El caso es que ser una persona expresiva y natural, que no busca segundas intenciones en cada una de sus palabras, nos hace conectar más fácilmente con el resto de personas. Pronto se sentirán más cómodas con nosotros, que es lo que buscamos.

No busques ser una maga o mago de las palabras, mejor parecer un amigo cercano o, a lo peor, un cuñado de los de toda la vida.

Activa las neuronas espejo de tu interlocutor.

Existen unas neuronas en nuestro cerebro llamadas “neuronas espejo” que suelen provocarnos la misma reacción que observamos en nuestro interlocutor. Solemos reír si se ríe, ponernos serios si lo hace, algo que es útil desde las cavernas… imagínate que lo que quiere es darte una paliza.

Primeras impresiones: Vayamos al grano, algunos consejos que te ayudarán.

Investiga un poco vuestra afinidad

Antes de lanzarte a una reunión ahorras mucho si realizas un poco de investigación. No sólo sobre el estado financiero de la empresa sino sobre su “rollo” y personalidad.

Si tu interlocutor se encuentra una persona que va vestida de forma parecida a él, y que tiene cierta afinidad con su forma de pensar, se mostrará mucho más abierto. No se trata de que te disfraces, sino de que aprendas a destacar esas cosas que probablemente tengáis en común. Por cierto, es bueno que utilices ropa con tonos simples.

Muestra autenticidad, no vendas la moto.

Se supone que estás hablando de un producto o servicio en el que realmente crees. Huye de discursos premeditados y frases aprendidas, e intenta haber asimilado cómo el producto o servicio puede ayudar a esa empresa en concreto.

Escucha. Por Dios, escucha.

Estamos tan convencidos, tan convencidos de que tenemos que cerrar la venta que muchas veces no hacemos más que soltar un rollo impresionante. La persona que tenemos en frente perderá la atención sobre nuestro discurso a no ser que ya tenga premeditado comprarnos o que seamos igual de guapos y atractivos que una estrella de cine.

Es curioso la cantidad de entrevistas que no se centran finalmente en las necesidades del cliente. Preguntarles qué necesitan, o cómo desarrollan determinados procesos es fundamental para que puedas encajar las ventajas competitivas de tu producto para aplicarlo a él en concreto.

En un estudio de la Universidad de Melbourne, se concluyó que las personas que saben escuchar, hacen sentir a los demás seguros y comprendidos.

Sonríe y sé amable.

Parece de primero de primaria pero no es algo que salga tan fácilmente. Muchas veces estamos nerviosos, pensando en lo que tenemos que decir o cómo nos tenemos que vender, y se nos olvida lo básico, que es ser amables, sonrientes… simpáticos, a fin de cuentas.

Cuida tu lenguaje corporal y tu apretón de manos.

Si eres de esas personas que no mueve todos los músculos de la cara al sonreír, intenta esforzarte en practicar una sonrisa franca en la que intervengan todos los músculos de tu cara.

La forma de dar la mano es muy importante. Una mano seca, con un apretón fuerte (no demasiado) y rápido, es también fundamental. Por algo que es el principal tópico a tratar cuando de primeras impresiones se trata.

Mira a los ojos.

Hay personas a las que les cuesta mirar directamente a los ojos y esto suele ocasionar cierto desasosiego en reuniones con gente que todavía no les conoce del todo. Es fundamental mirar a la persona para demostrar franqueza. Si no, parece que tienes algo que ocultar.

Si no sabes exactamente dónde mirar, o tiene un ojo que mira raro, o lo que sea, trata de imaginar un triángulo entre sus ojos y su nariz, y mira justo en el centro, como si le miraras dos centímetros más abajo del entrecejo.

Nivel de energía.

Modula tu nivel de energía, que no parezca que acabas de llegar a una fiesta pero tampoco a un funeral. Es bueno que te adaptes también al nivel de tu interlocutor, a no ser que este vaya también “pasado de vueltas”.

Evita las muletillas.

Probablemente no sepas que las tienes pero es bastante común que las personas repitan cierta palabra con demasiada frecuencia. Eso, o quizá un carraspeo, un “emmm”…

Ten cuidado si no quieres que sea lo único que tus compañeros de reunión escuchen.

Mantén el espacio.

Según un estudio de “Talent Smart” la distancia adecuada entre dos personas que todavía no se conocen demasiado, es de 45 cm. Vamos, aproximadamente medio metro.

Es la distancia justa para que no se sienta invadido si estás demasiado cerca, o piense que tienes ganas de salir corriendo, si es que estás demasiado lejos.

¿Una segunda oportunidad para la primera impresión? Parece ser que así es.

Según una investigación de la Universidad de Cornell, un gran número de personas cambiaron de parecer sobre una persona al escuchar nueva información sobre ella.

De forma que ya sabes, si no has tenido oportunidad de “clavarla” a la primera, puede que lo hagas a la segunda si te has aprendido todos nuestros fabulosísimos trucos.

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